Los enemigos del mundo
Hay algo en tu interior que duele, una especie de microorganismo fatal que se desenvuelve con soltura y parece generar un rechazo especial. Algún odio arraigado a nada concreto que yo pueda averiguar. Sospecho que no tiene nombre, voraz como una hiena salvaje y quizá es herencia de los antiguos seres, enemigos de otra raza diferente. Hay algo en tu interior que no te deja respirar. Una cadena vital más fuerte que tu voluntad, conexión etérea más poderosa que el bien o el mal. No tiene ideales pero es constante y se repite, destruyendo la naturaleza de tu pensamiento. A veces es plural y coexiste con el mundo inyectando su virus letal, minúsculo, inapreciable, eficaz.
Quizá sea la sociedad neutral del egoísmo y su consecuente inestabilidad llena de soberbia, que se dirige a una sordera fundamental. Una sociedad que ya fue creada por la sinergia real del capitalismo, globalizando los enseres personales, creando necesidades efímeras sin retroceso.
Los seres minúsculos también cotizan, deben arriesgar su economía y dilatar los alquileres de la razón, economizando con el sentimiento. Y están dentro de ti, seduciendo a tu quinta esencia, luchando con fuerzas tácticas de guerrilla, escondiéndose y atacando por sorpresa. La gangrena de su estrategia se alimenta de tu necedad, simbolismo pueril e inocente. Vagamente y sin creerlo te aborda la soledad, creyendo que únicamente la amenaza y el castigo es la verdad, y ésta, corrompida a conciencia, sufre como el espejo que se quiebra ante tu mirada.
Sólo tienes un arma con la que luchar y antes has de encontrarla, yo sé dónde está, pero hay que amar para alcanzarla.
Photo: God´s election


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