La molécula divina, una metáfora científica.
Si me introduzco en tu acelerador de partículas seré absorbido por tu materia oscura, pero me da igual. Llevo viajando novecientos sesenta y cuatro millones de años luz desde una galaxia lejana para encontrarte. Las enormes vías del mundo galáctico son grandiosas, veo que te mueves con soltura mientras me desplazo, pero no te alcanzo, necesito un impulso eléctrico más para poseer tu estela. Puedes desviarte y dejarme paso o sentir mi atómica explosión de protones. Los sistemas solares que divisas los he creado yo, las estrellas que explotan siguen vivas porque son mi voluntad, el sentimiento eléctrico de tu cinética es ingenio de mi placer cósmico pero desapareces entre hadrones doscientas millones de veces por segundo. Muévete así, yo lo copio, con un impulso magnético lo imito, con la corriente positiva lo disimulo...haces electricidad o es que eres electricidad. Tu materia no real es un cálculo que estoy a punto de desvelar, tu no materia es posible, tus explosiones nucleares son posibles gracias a la trayectoria de mi sonda interestelar, midiendo la temperatura de tu centro de gravedad. Sí, te mueves, haces electricidad, tus núcleos concéntricos son inestables, hay materia, hay tiempo, hay fricción y espacio...dame la clave, molécula divina y hagamos un nuevo mundo donde todo esté por explorar.

Photo web: particles collider
Maria dijo
Fascinante, después de tanta pesadilla esto es como un fogonazo de luz, dan ganas de meterse en ese acelerador de partículas, desplazarse a toda velocidad, dejarte paso, seguir tu estela, alcanzarte, formar parte de esa tormenta eléctrica, explorar el mundo de lo infinitamente pequeño y de lo infinitamente grande, converger de forma absolutamente irracional y salir disparada a sondear en esa galaxia.
16 Junio 2009 | 01:04 PM