Absenta para incrédulos
Notas amargas a las que un terrón de azúcar han de dar placer. No pensaré lo que Van Gogh, pero sí lo que Lautrec.
Ni la milésima parte de segundo de la primera civilización basta para darnos cuenta de lo inútil egoísta del momento. Todo empezó en las tierras bajas del Pirineo catalán. Los trovadores ansiosos de hambre, subidos al lomo del caballo poeta, encumbrado en la catársis de exultados artistas, soñaban con trascender la lírica del instrumento. Bebían cerveza. Los clasicos nombraron las notas melódicas y añadieron el vino, y sorprendidos de un exitoso sentimiento creyeron ver lo que se escuchaba. Y llegaron los cuartetos, los quintetos y sextetos, maravillados de asombro se vieron especiales, bebieron absenta y delicadas notas amargas de artemisia. Pintaron, con excelencia pobre, las obras maestras de la alucinación exaltada de la razón.
Y yo volveré al bajo Pirineo, y esculpiré un retazo de lo que realmente bebo, absenta para incrédulos.
Photo: Luciano´s sculpture at Barcelona Spain´s square