Entrelazado de ideas sucumbo y respiro, me acostumbro a tu alma por ser tu amor un verbo pasado, presente y futuro. La idea y el porqué no son más que anécdotas con falsas apariencias. Apariencias que engañan, dolores que duelen, amores que viven entre sueños de espuma y arena de mar. Arena de playa y rocas por andar. Tu alma y el río, la voz y tu aliento, mi magia y tus dudas.
Me acostumbro a escucharte mientras duermo, sueño que ríes y me despierto, hablo de ti en soledades inciertas, tras la página sin leer, te espero. El metal que rozas con los dedos, las gotas incoloras llenas de azul.
Cuando la calabaza emigre y abandone su música, sabré que has sido tú.
Ella me dijo que mirara hacia otro lado, que no era el momento de conquistarla, mientras buscaba algo en el bolso. Yo sabía que era mentira, que se había escudado en el dolor de una posible muerte. Pedí una copa, sin insistir cambié de tema, sonrió y entonces todo me pareció falso. Me fui sin mirar atrás.
¡Oh! Kraken, ven a mí yo tu señor te libero aquesta presión que siento yo, tu señor, me escueces. Entre pino y pino te siento, Entre esquina y coche te veo, inhóspito y sucio. Pero no te temo. ¡Oh Kraken del infierno! Solo si te escondes largamente dentro del agujero.
Son tus perfúmenes el trabajo de los patos y las flores que matas lánguidamente si apareces, largo y fétido en estructura amenazador y terrorífico en esencia.
¡Oh! ¡Kraken que me partes en dos! Alguna lágrima me asalta si te divides, rezo y me santifico si con furia apareces. Y a veces te repudio y te grito: ¡Vade retro! Si vienes a mis aposentos entre dolores, entre líquidos mundanos o con tus amigas, aquellas esencias igualmente escondidas; diabólicos vapores...
¡Oh Kraken subyacente! Cuando me llames seré complaciente, sin obstrucciones, mi amigo; con durezas, te disipo. Igualmente, discrimino tu hedor. ¡Dame la paz tras tu temblor! al cruzar las puertas del inframundo y no dejes huellas de tu estancia en mis lugares; como a veces, antes de sumergirte en las aguas...
¡Oh! ¡Kraken! no arañes las paredes blancas, sabes que te destruiré completamente con mi cerdamen y mis plegarias.
No veo más de lo que ven mis ojos
No creo más de lo que puedo
No siento más de lo que vivo
Y no vivo más de lo que espero
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Mario Gh Crea tu insignia